sábado, 20 de noviembre de 2010

Seres del Agua de Brasil y Argentina (Fotografía)


Seres del Agua de Brasil y Argentina
(seresdelagua@gmail.com)
Fotografía


Muestra realizada en el Memorial de América Latina, Sao Paulo, Brasil.
Septiembre-Octubre 2010

Antiguamente el mundo estaba animado por dioses y espíritus. Las tradiciones de entonces, veían en el bosque, en la niebla, en la noche, la presencia espiritual de estos seres. También en los ríos, lagos y mares: en las aguas.
El Dios único, al devenir en fuente y destino de todas las cosas, dejó en el olvido a los antiguos espíritus, a los antiguos dioses, que solo pueden expresarse veladamente, en los sueños, en la brisa, en los rincones perdidos del mundo.
En “Seres del Agua (Brasil y Argentina)”, la cámara nos acerca al agua de un modo único. A través de su lente vemos una infinita variedad de formas, de seres, de universos, que además de impactarnos en su extraña belleza, nos remite a los tiempos antiguos, donde el hombre dialogaba frente a frente con los dioses.

La Búsqueda


La Búsqueda

Desde hace más de diez años Ariel Sicorsky fotografía las aguas, investigando los diferentes universos y “seres”, que se forman en el encuentro del agua, la tierra, el viento y la luz. En un trabajo que toca lo artístico con lo testimonial, lo físico y lo metafísico, lo textual y lo mítico, Ariel Sicorsky, recorre el mundo buscando en los misterios que se esconden y develan en las aguas. Así visitó los ríos, lagos, y mares de Sudamérica, Europa, y Asia.
En Seres del Agua de Brasil y Argentina, nos acerca imágenes tomadas en Brasil: en la cuenca amazónica (Manaos, Santarém, Alter do Chao) y en la Chapada dos Veadeiros (Alrededores de Sao Jorge) y Argentina: ríos Paraná y Carapachay (delta del Paraná), lagos Queni y Lacar, (Neuquén, Patagonia).
Todas las fotos son toma directa.

                                                      


La Muestra


En la muestra Seres del Agua, el autor devela diferentes formas y rostros que toman vida en los reflejos del agua, allí donde las ondas de luz se encuentran con la superficie de un río, de un lago, de un arroyo.
La muestra está formada por la serie “Tótem” y la serie “Universos”.
En “Tótem” el autor registra el momento en que la quietud del agua es suficiente para transformarse en un espejo y reflejar, duplicando, las imágenes se la orilla. En esa duplicación, que para mayor belleza mostramos en forma vertical, aparecen formas antropomórficas y diferentes tipos de rostros y seres.
En “Universo” jugamos con la superficie del agua sobre la cual confluye la luz del rededor y que en un único instante devienen mundos fantásticos.
Tótem I- El Viejo (Río Carapachay, Buenos Aires, Argentina)


Tótem, II- Buda (Río Carapachay, Buenos Aires, Argentina)


Tótem III- Lobos y Mandriles (Río Carapachay, Buenos Aires, Argentina)


Tótem IV- Máscara (Río Carapachay, Buenos Aires, Argentina)



Impresiones en el río Carapachay

A veces el río Carapachay está tan bajo que el limo del fondo asoma en las orillas y las raíces de las casuarinas quedan mudas al aire, como una mano de dedos finos,  dando al confín de  la selva subtropical un aspecto de manglar. Y cuando el viento se calma y la luz del crepúsculo parece acariciar la superficie del río quieto, aparecen lo seres ocultos de la orilla. En esos casos me gusta remar en contra de la corriente suave, pasar la quinta “los huarpes”, la casa del loco Juan, ir más allá de las paredes arabescas y luego dejar el remo y permitir que el río me lleve , con una mano tenue, de regreso a casa. Y mientras voy montado en la canoa y en el río, pienso que esa fuerza que me mueve, está dada por  la confluencia de todas las aguas del sur de Sudamérica (al sur del meridiano 15, las aguas desembocan en el Océano Atlántico a través del Paraná y el Río de la Plata), que esas moléculas de agua sobre las cuales viajo, como una hoja, pueden venir del Chaco Paraguayo, del Pantanal que está repartido entre Brasil y Bolivia, del Uruguay. Y en el silencio de la tarde, atareado de murmullos de palomas y lejanos benteveos, me recuesto sobre la canoa, sobre el río, como sobre el lomo de un dragón, y aquieto mi respiración y mi mente, y voy mirando en las costas, a través de la lente de la cámara, cómo juega la orilla reflejándose en el espejo del río. Y de a poco van asomando su rostro, a veces burlón y otras terrible, los seres de la orilla, que parecen despertarse en su hora mágica, y buscan con sus ojos mi mirada, como queriendo contar en el silencio, un secreto antiguo. Y sé que el encuentro es efímero, que los últimos rayos del sol marcan el fin del encuentro y que la noche se encargará de acercar otros misterios al monte, a los muelles y al río.






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Tótem V- Demonios (Río Carapachay, Buenos Aires, Argentina)


Tótem  VI- Ser o no Ser (Río Carapachay, Buenos Aires Argentina)


Tótem VII- Mujer (Río Carapachay, Buenos Aires, Argentina)


Tótem VIII- Guerrero (Río Carapachay, Buenos Aires, Argentina)


Impresiones en el Lago Lacar

Impresiones en el lago Lacar
El viento patagónico sopla día y noche y sólo se aquieta al amanecer.
Antes de los primeros rayos, preparo el bote y entro en las aguas del lago como si entrara en un santuario. Sólo una brisa leve agita la superficie y crea  esculturas fugaces  con el agua. Se escucha el canto solo de algún pájaro, la gravedad del remo en el agua, y sobre todo un silencio, que parece anterior al mundo.
El lago Lacar, que en su confín, se une con el Nontué. Patagonia.
La roca, el agua, y los árboles viejos cubiertos de líquenes se encuentran, en una fiesta íntima.
Y en cualquier lugar del alba, de pronto el viento se aquieta, se detiene. Las aguas se calman y devienen un espejo… y como si fuera un milagro, el mundo de rocas, de árboles y de líquenes se duplica, y pareciera que una mano invisible ha corrido los velos del  secreto, y todo se vuelve más frágil y más íntimo. La orilla se reproduce en el agua, y seres que habitan el linde, se manifiestan profundos, y te miran.
Y allí, en una soledad poblada de mitos, de respiraciones, de sutiles destellos, avanzo con reverencia, sabiendo que un remo demasiado vehemente, un movimiento brusco, una mínima ráfaga de viento rompería el hechizo, el santuario, y que los dioses, aquellos que fueron relegados al olvido con la llegada del Dios único, se esconderían de nuevo, en su bruma de olvido.

Tótem IX- Monje (Lago Lácar, Patagonia, Argentina)


Tótem X- Pétreos (Lago Lacar, Patagonia, Argentina)



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Totem XI- Duendes y Derviches (Lago Lacar, Patagonia, Argentina)

Tótem XII- Felinos (Lago Lacar, Patagonia, Argentina)


Tótem XIII- Ígneo (Lago Lacar, Patagonia, Argentina)


Impresiones en Alter do Chao

Impresiones en Alter do Chao

Alter do Chao es una pequeña población cercana a Santarém, en el estado de Pará, Brasil. Por una curiosa combinación de minerales y vegetales las aguas del rio Tapajós son transparentes y sus costas, de una arena blanca que no se repite en ningún otro lugar de la cuenca del Amazonas. Por eso llaman a Alter do Chao el “Caribe Amazónico”.
En sus aguas cristalinas nada el botú, delfín rosado que según es leyenda, en las noches sin lunas, por un hechizo que  los nativos no intentan explicar, deviene un joven mancebo que seduce a las muchachas vírgenes y las ama entre las nieblas de la orilla. Cuando el niño es reservado, como apocado, cuando rechaza la luz del día y parece despertar en el crepúsculo todos saben: es hijo del Botú.
La hora preciada es el atardecer, cuando los vientos se aquietan, y con ellos las aguas se calman y mágicamente reflejan las orillas, duplicándolas, dando a luz a los seres que habitan en el linde, en el borde.
Cuando el sol declina  alquilo un bote a los pescadores y me voy Tapajós arriba, entrando en las lagunas y en las bahías, viendo cómo  el botú asoma su cabeza y se hunde silencioso. Mientras remo recuerdo a la Curupira, la “Mai da Floresta”, la madre de la selva, quien vela por todos los seres que habitan el monte y a quien, a pesar de ser invisible, describen como una vieja de baja estatura que tiene, curiosamente, los pies apuntando hacia atrás. Cuando los hombres de la selva se pierden en lugares que conocen perfectamente, saben que se trata de una broma de la Curupira. Para salir del hechizo cortan un trozo de liana y con él arman un diseño de arabescos. Luego lo apoyan en la tierra y esconden una de sus puntas entre las hojas. La Curupira es curiosa. Al ver ese diseño que se pierde en el follaje, quiere averiguar dónde va la punta escondida. En ese momento, cuando la Curupira se concentra en resolver el dilema, el hombre puede escapar a su influjo y volver a casa.
Un pájaro acompaña siempre a la Curupira. Cuando  se escucha su canto en la mata, la Curupira está cerca. Su hora preferida es el crepúsculo.
Sigo remando mientras el sol lento recorre el último cielo. El crepúsculo es, también, la hora de la Mai do Rio, madre del río, espíritu protector del río y las orillas y todos los seres que lo habitan. Cuentan que una bióloga que hacía su trabajo de campo se encontró en las orillas con una viejita viejísima que la increpó por llevarse sus cosas. La bióloga giró la cabeza y cuando volvió a mirar, la vieja ya no estaba. Los ancianos coincidieron: fue la Mai do rio. Tomó acaso la bióloga algo de las orillas. Si, unas piedras, que solícita, volvió a colocar en su lugar.
Remar solo en el  río Tapajós al atardecer no es la soledad. Amén de los delfines y los pájaros, las tortugas y los peces, se siente la presencia atenta y densa, como una respiración, del río, la selva y el cielo
Entro en la Lagoa das Piranhas, el agua está quieta y el mundo se duplica en las aguas y las puertas del misterio se abren, y se rasgan los velos del secreto. Aves y murciélagos surcan el cielo teñido de sangre y los “seres” de la orilla, los que habitan el otro lado del espejo, cruzan el umbral y buscan con sus ojos, mi mirada. Instintivamente sobrecogido, canto los mantras de Shiva que aprendiera unos años atrás en las orillas del otro río, el Ganges, la madre de todos los ríos (el Amazonas es el padre). La cámara capta el milagro, el frágil momento del encuentro.
La noche se cierra. Lentamente emprendo el regreso mientras me pregunto si las nubes de tormenta que asoman el horizonte me dejarán llegar a puerto. Me siento solo en lo inmenso. Sólo escucho el sonido grave del remo acariciando el agua.
Recuerdo la revelación que las plantas sagradas me regalaron unos días antes, de la mano de Paulo Brasil, hombre de la tierra, experimentado en magia y misterios: las imágenes fijas que quedan impresas en las fotos, detienen en rigor algo que está moviéndose… los tótems que registra la cámara son la imagen quieta de “seres” que son un eterno devenir.
Tótem XIV- El Verde I (Río Tapajos, Alter do Chao, Pará, Brasil)


Tótem XV- El Verde II (Río Tapajos, Alter do Chao, Pará, Brasil)















Tótem XI- Iniciático (Río Guaporé, Mato Grosso, Brasil)



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Universo I- Azul y Negro I (Río Negro, Manaos, Amazonas, Brasil)









Universo II- Azul y Negro II (Río Negro, Manaos, Amazonas, Brasil)


 
 Universo III- Siluetas  (Río Negro, Manaos, Amazonas, Brasil)



Universo V- Aleph I (Río Negro, Manaos, Amazonas, Brasil)

) Universo V- Aleph I (Río Negro, Manaos, Amazonas, Brasil) 
Universo V- Aleph II (Río Negro, Manaos, Amazonas, Brasil) 
 Universo VI- El Beso (Chapada dos Veadeiros, Sao Jorge, Goias, Brasil)


Universo VII- Ojos Negros (Chapada dos Veadeiros, Sao Jorge, Goias, Brasil) 



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Universo VIII- Oniria I (Río Negro, Manaos, Amazonas, Brasil)


Universo IX- Oniria II (Río Negro, Manaos, Amazonas, Brasil) 


Universo X- Fuego Profundo II (Río Negro, Manaos, Amazonas, Brasil)




Universo XI- Fuego Profundo II (Río Negro, Manaos, Amazonas, Brasil) 

La Muestra

La Muestra


En la muestra Seres del Agua, el autor devela diferentes formas y rostros que toman vida en los reflejos del agua, allí donde las ondas de luz se encuentran con la superficie de un río, de un lago, de un arroyo.
La muestra está formada por la serie “Tótem” y la serie “Universos”.
En “Tótem” el autor registra el momento en que la quietud del agua es suficiente para transformarse en un espejo y reflejar, duplicando, las imágenes se la orilla. En esa duplicación, que para mayor belleza mostramos en forma vertical, aparecen formas antropomórficas y diferentes tipos de rostros y seres.
En “Universo” jugamos con la superficie del agua sobre la cual confluye la luz del rededor y que en un único instante devienen mundos fantásticos.

El Autor

El Autor


Ariel Sicorsky nació en Buenos Aires en el año 1965. Artista cuya búsqueda ha llevado a diversos modos de expresión, desde la fotografía y el video, al teatro, la danza y la música.
Fotografía:
Muestras Individuales:
“India“(Centro Cultural Sur Despierto, Buenos Aires, 2006)
“Revelación” (Pabellón 4, Buenos Aires, 2004)
Muestras Colectivas:
Mapa Líquido (Buenos Aires, 2008)
Espacio Corpo (Buenos Aires, 2008)
Bucca (Buenos Aires, 2008)
Mención concurso “Desde América” (Asociación Amigos del Museo de Bellas Artes, 1998)
Mención concurso “Claroscuro del Ambiente” (Secretaría de Medio Ambiente, 2005)
Presento el video “Jiménez soñó” en el Festival Internacional de Danza-Video (Buenos Aires, 2005), y el  video “Mamá, me fui a la India” en el Centro Cultural Sur Despierto (Buenos Aires, 2004) y en Encuentros Mínimos (Buenos aires, 2008).
Publicó fotos y textos en la revista “Ventizca” (2007-2008)
Dirigió en teatro,  Espíritu de Cuerpo” (Espacio Aguirre, Buenos Aires, 2004), “Las ruinas circulares” (Ecuador y Colombia, 1990), “Aquatango” (Festival Cambalache, 2007) y participó como intérprete en decenas de obras en Argentina y Europa.
Actualmente interpreta en Buenos Aires “Bajo el péndulo”, con dirección de Melanie Alfie, obra que fue representada en Granada (España) y en Sicilia (Italia) durante el año 2009.
Ariel Sicorsky, en su exploración del Agua creó los siguientes seminarios y talleres:
Pakuático (Tai Chi Chuan y Pa Kua en el agua),
Aquatango (encuentro lúdico con el tango en el agua),
Pensar en lo Fluido, con el filósofo Diego Sztulwark (cuerpo y pensamiento, prácticas acuáticas).