sábado, 20 de noviembre de 2010

Impresiones en el Lago Lacar

Impresiones en el lago Lacar
El viento patagónico sopla día y noche y sólo se aquieta al amanecer.
Antes de los primeros rayos, preparo el bote y entro en las aguas del lago como si entrara en un santuario. Sólo una brisa leve agita la superficie y crea  esculturas fugaces  con el agua. Se escucha el canto solo de algún pájaro, la gravedad del remo en el agua, y sobre todo un silencio, que parece anterior al mundo.
El lago Lacar, que en su confín, se une con el Nontué. Patagonia.
La roca, el agua, y los árboles viejos cubiertos de líquenes se encuentran, en una fiesta íntima.
Y en cualquier lugar del alba, de pronto el viento se aquieta, se detiene. Las aguas se calman y devienen un espejo… y como si fuera un milagro, el mundo de rocas, de árboles y de líquenes se duplica, y pareciera que una mano invisible ha corrido los velos del  secreto, y todo se vuelve más frágil y más íntimo. La orilla se reproduce en el agua, y seres que habitan el linde, se manifiestan profundos, y te miran.
Y allí, en una soledad poblada de mitos, de respiraciones, de sutiles destellos, avanzo con reverencia, sabiendo que un remo demasiado vehemente, un movimiento brusco, una mínima ráfaga de viento rompería el hechizo, el santuario, y que los dioses, aquellos que fueron relegados al olvido con la llegada del Dios único, se esconderían de nuevo, en su bruma de olvido.

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